miércoles, 14 de diciembre de 2011

Corazón colchonero


Una marea roja y blanca
acecha el Vicente Calderón
y cuando te vas acercando a la grada
un escalofrío recorre tu corazón.

Los noventa minutos empiezan,
el frente comienza a saltar,
con gritos y canciones animan
a un gran equipo estelar.

Vaya perdiendo, vaya ganando,
la afición defenderá
al gran conjunto rojiblanco
que con sus hermanos jugando
lucharán para la victoria alcanzar.

Mucha gente no comprende
el amor que le tenemos,
los dos colores que recorren
cada rincon de nuestro cuerpo.

No todos tienen suerte,
del equipo no te puedes hacer,
solo nosotros sentimos
que del atleti hay que nacer.

Seguidores sufridores,
nacidos para narrar
nuestra historia de campeones
que dicen llegó a su final.

Pero fé ciega tenemos
en un equipo para amar,
simplemente lo sabemos.
¡Volveremos a ganar!

jueves, 1 de diciembre de 2011

Rescate de pasión


Con tus ojos retrocedo
a un pasado que olvidé,
volviendo a ser un niño,
olvidándoseme la madurez.

Tus cabellos me enloquecen
al verlos al viento bailar,
y con su dulce olor hacen
que el cielo pueda alcanzar.

Si mi cuerpo siente frío
se calienta con solo tocar
ese cuerpo, que ahora es mío,
y quedándome adherido
por siempre te podré amar.

Cuando en aquel parque te encontré,
sabía que mi vida cambiaría
y al hacerme dueño de tu piel
sin darme cuenta imaginé
tus sonrisas día a día.

Has sacado de un gran pozo
mi alma que atrapada quedó,
no lograba encontrar el fondo
ni el lugar por donde entró.

Pero ese alma entonces vió
una luz que en la oscuridad penetraba
e introduciéndose en su corazón
le hizo salir de la nada.

martes, 8 de noviembre de 2011

El recuerdo de tus recuerdos


Salía de mi casa una tarde a finales de aquel largo otoño. El embriagador olor a hojas secas, al frío, a la lluvia... me hizo volar al pasado a través de los recuerdos.

No pude evitar dirigirme hacia el parque que desvió mi vida por completo. No había cambiado nada en aquel lugar, parecía que no había pasado el tiempo desde aquel mágico 1979. Echando la vista atrás, recordé aquel día que pasaba por allí con mi íntimo amigo Oriol, cuando vi por primera vez aquellos ojos, aquella mirada que me cautivó en ese mismo instante.

También recuerdo los días que pasaron después de ese 7 de Diciembre. Todo parecía perfecto, como aquel día que intentando llegar a el viejo pozo abandonado, que está a unas 2 horas, a mitad de camino se nos hizo de noche y tuve que cargar con su peso más el de la escayola que cubría su pierna, pues se la había fracturado montando a caballo.

Fue tan alucinante cómo en apenas unas semanas llegó a ser más importante que Oriol en 5 años. Había cobrado tantísima importancia en mi vida que ya no podía salir de casa sin su compañía.

Y llegó la navidad; esas tan esperadas fechas para mí en esa época. Fuimos a ver a las vacas del caserío a las afueras del pueblo. Allí, entre juegos, risas, charlas y miradas, nuestros labios se rozaron haciéndome sentir un escalofrío que pocas veces he podido volver a sentir. Se disculpó con una frase que jamás olvidaré “los besos no se piden, se roban”.

Mientras todo eso ocurría en mi vida, una canción no paraba de sonar en mi cabeza y acompañó todos esos momentos. El cantante de la canción tenía una voz espeluznante y la música era horrorosa, pero la letra parecía explicar la situación en cada instante. Aquella canción se llamaba “recuerdo tus recuerdos”.

Ahora, rumbo a aquel caserío donde pasé gran parte de ese frío invierno, me encuentro como un iluso recordando tantísimas historias que un día me hicieron feliz. Me siento con mis compañeras que todo lo observaron, o al menos quiero pensar que siguen siendo ellas, pensando que al final de aquel largo camino en cualquier momento se observará una silueta y poco a poco, según se acerca, el tiempo irá retrocediendo hasta encontrarnos de vuelta en los años setenta y no poder avanzar jamás.

lunes, 17 de octubre de 2011

No es mi mundo


Esta vida no es para mí,
no pertenezco a este mundo,
no paro de sufrir,
aquí todo es muy injusto.

El amor es una maldición
al no haberme correspondido
y día a día mi corazón,
poco a poco, va siendo consumido.

La gente encuentra su luz,
el destino de sus vidas
mientras yo camino a oscuras
por un túnel sin salida.

Refugio busco en la amistad
e inento caminar de frente,
pero siguiendo en la soledad
me sigo sintiendo diferente.

Pero aún queda una salida,
todavía tengo salvación,
haré un nudo en mi vida
y saltaré desde el cajón.

El frío de la soga en mi cuello,
mi vida de ella colgará,
salto al infierno sin miedo
adios triste realidad.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Humanidad


El humano, la raza inteligente,
el ser que siempre quiere más,
utiliza la ley del fuerte
para hacerse siempre notar.

Llena monumentos de sangre
aplicando la tortura animal,
quita el pan del pobre
para dárselo al más noble
de la familia real.

Contamina su planeta
de belleza excepcional,
para llenarlo de mierda
convirtiéndolo en pocilga
en donde sus culos restregar.

Utiliza la violencia
para poderse aprovechar
de la persona pacifista,
del poeta y del artista,
hasta de su propio familiar.

Verguenza es lo que siento
al pertenecer a esta raza vulgar,
y cuando me miro al espejo
una pregunta le hago al reflejo:
¿Para que evolucionar?

domingo, 7 de agosto de 2011

Amarga ausencia


Aquel verano empezó para mi un caluroso día de mayo. Julia nos había invitado a una fiesta en su casa, para aprovechar la ausencia de sus padres. Era el sábado por la noche, y yo, como no, acepté.

No conocía a nadie, excepto a Julia. Me presenté a todo el mundo y me serví un cubata yo mismo. Whisky, mi bebida favorita. Después de largas horas bebiendo, fumando, bailando... a un tal Javi se le ocurrió que podríamos echar un escondite. No era mala idea, así que todos aceptamos. A la voz de Jaime gritando los números, todos salimos corriendo. Mi cabeza daba vueltas y mis pies apenas respondían, o quizás lo hacían demasiado bien. Me dirigí hacia un gran armario que se encontraba en la habitación de invitados y entré. Todo estaba oscuro allí dentro, pero cuando realmente me asusté fue al sentir una profunda respiración a mi lado y un hedor a alcohol, que no sabía muy bien si procedía de mi mismo.

-No te asustes, me llamo Irene – dijo una voz sexy, pero a la vez dulce.

-Yo Julian.

Después de un largo rato charlando dentro del armario, una luz nos cegó y Jaime se puso a gritar nuestros nombres mientras corría hacia el salón. Al salir de allí, vi por primera vez el rostro de Irene. No era como las demás, era distinta.

A partir de aquella fiesta, nos veíamos día si y día también. Nos recorríamos todos los lugares desprovistos de gente del pueblo. De vez en cuando, yo dejaba escurrirse mi mano hasta rozar la suya, y ella, la cogía sin miedo.

Por fin, un día de agosto me atreví a darla un beso, pero mi cobardía hizo que se lo diera en la mejilla.

Dos días después de aquel mágico beso que inundó por completo mi mente, mi corazón se destrozó por completo. Al cruzar el parque, la vi, hablando con ese chico que me superaba en edad, en físico y en picardía. Salí corriendo hacia mi casa.

Al día siguiente me llamó para decirme que estaba conociendo a un chico. Días repletos de celos sucedieron a aquella llamada, pero fue cuando me di cuenta que no era el chico ese el que molestaba. Era yo el que me había metido en medio, era yo el que debía alejarse.

Ya han pasado casi dos años de esto, y han pasado muchas chicas después de tí que han sido maravillosas e imprescindibles en mi vida, pero todavía recuerdo aquellos meses de verano, nuestros rincones, nuestro beso... Y día tras día me pregunto como serás ahora, como estarás de guapa y, como hubieran sido nuestras vidas si yo no me hubiera apartado de ti.

Por eso, ahora te escribo esta carta, para saber que es de ti, como te encuentras, y, sobre todo, si te acuerdas de mi.

viernes, 8 de julio de 2011

Sueños de soledad


Me encontraba volviendo a mi nueva casa por esos paisajes que eran totalmente inexplorados para mi. Bosques frondosos, profundos lagos, cielos cubiertos y un gran océano que se extendía hasta donde la vista alcanza caracterizaba aquel lugar esos primeros días allí. El sendero por el que debía caminar hasta llegar a casa serpenteaba por la tierra mojada por el borde del acantilado dorado.


La casa estaba vacía, sin luz, sin ruidos, sin vida. Me tumbé en la cama e intenté emprender el mágico viaje hacia el mundo de los sueños, pero el esfuerzo fue en vano. Observando las oscuras aguas del mar desde la ventana, encendí un cigarrillo. La luz del faro en mitad de las olas deslumbraba mi rostro cuando me invadió el sentimiento de añoranza que hacía tanto tiempo que no venía a visitarme. En uno de los destellos del faro se me apareció su cara. Tan hermosa como la recordaba. Piel pálida, ojos claros reflejando mi mirada clavada en ellos, labios color carmín. La brisa del mar me trajo consigo el característico olor de su perfume.


En la playa las olas llegaban moribundas desapareciendo sobre la arena. ¿Suerte o casualidad? Un bote amarrado sobre la arena. Solté el amarre y me encaminé hacia donde había visto esos ojos que en el pasado me llevaron a la locura.


Cuando llegué al faro, até la cuerda de la barca en una roca y me coloqué al pie de ese gran monumento. Subí la escalera de caracol interminable que aguardaba en su interior. Al llegar arriba ahí estaba ella. Tan hermosa como la recordaba. ¿Como había llegado hasta allí?¿Como sabía yo que ella estaba allí? No me importaba, ella estaba conmigo. Nuestros labios se fundieron en uno solo y, cuando abrí los ojos, ya no estaba. Perplejo, volví a subir al bote y emprendí el camino de vuelta a casa.


Al día siguiente, los ciudadanos me advirtieron de que Galicia tiene muchos misterios y mucha magia, que nadie es capaz de comprenderlos. Lo que estaba claro es que yo había sido envuelto en uno de esos misterios marcando mi vida para siempre. Desde entonces, vivo para buscarla, pero nunca obtengo respuesta. Pero a diario el mar me devuelve la imagen para que nunca mas olvide ese rostro que me da motivos por los que seguir viviendo.

martes, 10 de mayo de 2011

Nadie recordará


El día que yo no esté
en el olvido iré quedando,
y todo lo anteriormente construido
acabará siendo derribado.

Los millones de palabras
que en momentos escribí,
se hallarán abandonadas
en un limbo sin fin.

Los corazones conquistados
en una pasada juventud,
solo obtendrán recuerdos
añorando mis días de luz.

Las amistades perdidas
en mi ya no pensarán,
sus vidas reconstruidas
todas felices se encontrarán.

Mi familia, dolorida,
por la pérdida de su familiar,
poco a poco, con el tiempo
su corazón irá rehaciendo
el hueco que pude dejar.

Y el tiempo seguirá pasando,
en ninguna mente me encontraré,
pero ahí habrá alguien
que por sus pensamientos pase,
lo que no pasó, y pudo ser.

sábado, 2 de abril de 2011

Volar soñando


Una luz se me ilumina
cuando observo tu mirada,
y la oscuridad predomina
cuando veo que me faltas.

Inundas mis pensamientos
en cualquier instante de mi vida.
De día, sueño despierto
y soñando,
tu imagen me domina.

Imagino un mundo extraño,
donde sólo existimos tu y yo,
y cogidos de la mano,
paseamos por el campo
en ese lugar de mi imaginación.

Pero cuando dejo de imaginar
me encuentro realmente abatido
y vuelvo con la soledad,
esfumándose lo ocurrido.

Ahora veo la realidad,
veo que nada es perfecto,
que todo es sufrimiento.
La vida, crueldad.

viernes, 18 de marzo de 2011

Los chicos del almacén


Pues aqui tenemos una excepción a este blog y subo éste relato, que posteriormente, se hará el intento de convertirlo en un corto de animación.

LOS CHICOS DEL ALMACÉN


Mis amigos y yo somos un grupo de aventureros, amamos el peligro. Siempre vamos explorando e investigando lugares extraños, imaginándonos lo que el tiempo hizo con ellos.

Vivimos en un pueblo pequeño, por lo que, a sus afueras, estaba repleto de casas abandonadas, iglesias derruidas y, almacenes inexplorados.

Aquella tarde de otoño, nos encontrábamos Daniél, que siempre iba acompañado de su cámara recogiendo todas las imágenes que veíamos, Pedro, algo miedoso, pero amaba la aventura. y yo, Jaime. se podría decir que el cabecilla del grupo, puesto que soy el más mayor.

Íbamos paseando por un carril para bicicletas y paseantes que apenas era usado por nadie. Media hora después de haber emprendido el viaje por el carril bici, encontramos un edificio en ruinas.

Fuimos a investigar, pero una valla nos lo impedía. Suerte que encontramos un hueco en ella. Entramos, pues aun quedaba una media hora para que anocheciera. Aquello era enorme, oscuro, siniestro. Estaba compuesto por cuatro almacenes, en los que entramos sin ningún reparo.

Pedro nos avisó de que se estaba haciendo tarde y debíamos marchar. Cuando fuimos en busca del hueco por donde entramos, nos sorprendimos al ver que ya no estaba ahí. Estaba anocheciendo y aquel sitio parecía peligroso en la oscuridad.

Una tormenta empezaba a formarse en el horizonte, dejando caer sus luces sobre el cielo. Entramos en el almacén para no ser víctimas de su lluvia. Dentro, todo parecía distinto a lo que habíamos visto a la luz del día. Gracias al flash de la cámara de vídeo de Daniél podíamos ver lo que había en escasos dos metros.

El ruido de una puerta cerrándose nos aterró. Con cierto temor, nos acercamos a ver que había sucedido. Es el viento, pensamos todos. Pero, Daniél y yo nos miramos muy asustados y, al unisono, preguntamos en voz alta: ¡¿Donde se ha metido Pedro?! No era propio de él irse sin avisar, sobre todo por lo miedoso que es y en la situación que nos encontramos. Los ruidos empezaron a multiplicarse allí dentro. Daniél lo estaba grabando todo, pero no se veía nada. Corrimos en busca de otra salida, pero no hubo suerte.

Al darme la vuelta, me encontré solo. No había ni rastro de mis amigos. Ahora no podía ver nada, el flash de la cámara de Daniél no estaba ya conmigo. Con miedo en el cuerpo, entré en el primer almacén en el que habíamos entrado, y allí, en el baño de aquel sitio, me encontré la cámara de mi amigo. Iluminé el espejo y, con letras escurridizas y sangrientas, leí el mensaje que yacía escrito: Sólo quedas tú.

No podía creer lo que estaba viendo. Pensé que era una broma de mis amigos. Un dolor punzante me atravesaba la cabeza. Al darme la vuelta, vi algo, o alguien, que no podía distinguir con exactitud. Todo se me nubló. Al despertar, alguien estaba grabándome, y los cuerpos de mis amigos se encontraban inconscientes a mi lado. Pedro despertó. Un poco más tarde lo hizo también Daniél. Nuestras miradas se cruzaron, y, leyéndonos nuestros pensamientos, nos levantamos. En el suelo habían unos hierros. Los cogimos y dejamos a aquella “persona” en el suelo. Cuando salimos de allí, volvimos a encontrar el hueco en la vaya. Salimos corriendo a nuestras casas.

Desde entonces, nunca hemos vuelto a ir a aquel almacén ni a explorar sitios abandonados. No hablamos de esto con nadie, ni si quiera entre nosotros, pero yo estoy seguro, que todos queremos saber qué ocurrió en aquel lugar, pero el miedo nos impide volver para descubrirlo.

jueves, 24 de febrero de 2011

Adiós


Apenas hace unos años,
entraste de lleno en mi vida,
llenando todos los huecos
que en mi corazón pervivían.

En el instante en que te conocí,
algo en mi ser me gritaba,
intentando decirme que tú
mi vida entera iluminabas.

Tu esencia me complementa,
me termina de completar,
mis fallos, mis errores
solo tú los puedes perdonar.

Y en el momento de la despedida
no se como decirle adiós
a tantos recuerdos de mi vida,
a tres años, a mi único amor.

Mis lágrimas ahogadas
en un grito de desesperación,
piden suplicando que no te vallas
dejando vacío mi corazón.

¿Cómo será mi vida
sabiendo que tú no estás?
¿Como superaré
que jamás volverás?

Con tu marcha,
dejas mi cuerpo vacío,
hasta lo más profundo de mi alma
viajará siempre contigo.

martes, 11 de enero de 2011

El faro


Sin faltar a su cita
al faro a diario acudía,
y con gran pena en el alma
sin compañía volvía.

Dudaba de a quien esperaba,
y también de si existía,
pero cada noche hasta el alba
frente al mar sollozaba
hasta que desistía.

Hace años un amor
por el que ella vivía,
en aquel lugar la citó
para encontrarse a escondidas.

Todos los días se veían
frente al inmenso océano,
y con sus manos cogidas
observaban el firmamento.

Pero un día él no acudió
a su rutina nocturna,
y sin ninguna explicación,
no volvió a verle nunca.

Con cicatrices en los brazos
y heridas en el corazón,
el mundo quería abandonar,
pensando que de esa forma
desaparecería su dolor.

Al desgarrar sus venas
su cuerpo sin vida quedaba,
pero su alma descrubrió
que su tan esperado amor
en el cielo la esperaba.

Desde entonces un pescador,
que en los alrededores vivía,
a lo amantes que van al faro,
esta historia de amor,
la cuenta en una poesía.