
Pues aqui tenemos una excepción a este blog y subo éste relato, que posteriormente, se hará el intento de convertirlo en un corto de animación.
LOS CHICOS DEL ALMACÉN
Mis amigos y yo somos un grupo de aventureros, amamos el peligro. Siempre vamos explorando e investigando lugares extraños, imaginándonos lo que el tiempo hizo con ellos. Vivimos en un pueblo pequeño, por lo que, a sus afueras, estaba repleto de casas abandonadas, iglesias derruidas y, almacenes inexplorados.
Aquella tarde de otoño, nos encontrábamos Daniél, que siempre iba acompañado de su cámara recogiendo todas las imágenes que veíamos, Pedro, algo miedoso, pero amaba la aventura. y yo, Jaime. se podría decir que el cabecilla del grupo, puesto que soy el más mayor.
Íbamos paseando por un carril para bicicletas y paseantes que apenas era usado por nadie. Media hora después de haber emprendido el viaje por el carril bici, encontramos un edificio en ruinas.
Fuimos a investigar, pero una valla nos lo impedía. Suerte que encontramos un hueco en ella. Entramos, pues aun quedaba una media hora para que anocheciera. Aquello era enorme, oscuro, siniestro. Estaba compuesto por cuatro almacenes, en los que entramos sin ningún reparo.
Pedro nos avisó de que se estaba haciendo tarde y debíamos marchar. Cuando fuimos en busca del hueco por donde entramos, nos sorprendimos al ver que ya no estaba ahí. Estaba anocheciendo y aquel sitio parecía peligroso en la oscuridad.
Una tormenta empezaba a formarse en el horizonte, dejando caer sus luces sobre el cielo. Entramos en el almacén para no ser víctimas de su lluvia. Dentro, todo parecía distinto a lo que habíamos visto a la luz del día. Gracias al flash de la cámara de vídeo de Daniél podíamos ver lo que había en escasos dos metros.
El ruido de una puerta cerrándose nos aterró. Con cierto temor, nos acercamos a ver que había sucedido. Es el viento, pensamos todos. Pero, Daniél y yo nos miramos muy asustados y, al unisono, preguntamos en voz alta: ¡¿Donde se ha metido Pedro?! No era propio de él irse sin avisar, sobre todo por lo miedoso que es y en la situación que nos encontramos. Los ruidos empezaron a multiplicarse allí dentro. Daniél lo estaba grabando todo, pero no se veía nada. Corrimos en busca de otra salida, pero no hubo suerte.
Al darme la vuelta, me encontré solo. No había ni rastro de mis amigos. Ahora no podía ver nada, el flash de la cámara de Daniél no estaba ya conmigo. Con miedo en el cuerpo, entré en el primer almacén en el que habíamos entrado, y allí, en el baño de aquel sitio, me encontré la cámara de mi amigo. Iluminé el espejo y, con letras escurridizas y sangrientas, leí el mensaje que yacía escrito: Sólo quedas tú.
No podía creer lo que estaba viendo. Pensé que era una broma de mis amigos. Un dolor punzante me atravesaba la cabeza. Al darme la vuelta, vi algo, o alguien, que no podía distinguir con exactitud. Todo se me nubló. Al despertar, alguien estaba grabándome, y los cuerpos de mis amigos se encontraban inconscientes a mi lado. Pedro despertó. Un poco más tarde lo hizo también Daniél. Nuestras miradas se cruzaron, y, leyéndonos nuestros pensamientos, nos levantamos. En el suelo habían unos hierros. Los cogimos y dejamos a aquella “persona” en el suelo. Cuando salimos de allí, volvimos a encontrar el hueco en la vaya. Salimos corriendo a nuestras casas.
Desde entonces, nunca hemos vuelto a ir a aquel almacén ni a explorar sitios abandonados. No hablamos de esto con nadie, ni si quiera entre nosotros, pero yo estoy seguro, que todos queremos saber qué ocurrió en aquel lugar, pero el miedo nos impide volver para descubrirlo.