
Aquel verano empezó para mi un caluroso día de mayo. Julia nos había invitado a una fiesta en su casa, para aprovechar la ausencia de sus padres. Era el sábado por la noche, y yo, como no, acepté.
No conocía a nadie, excepto a Julia. Me presenté a todo el mundo y me serví un cubata yo mismo. Whisky, mi bebida favorita. Después de largas horas bebiendo, fumando, bailando... a un tal Javi se le ocurrió que podríamos echar un escondite. No era mala idea, así que todos aceptamos. A la voz de Jaime gritando los números, todos salimos corriendo. Mi cabeza daba vueltas y mis pies apenas respondían, o quizás lo hacían demasiado bien. Me dirigí hacia un gran armario que se encontraba en la habitación de invitados y entré. Todo estaba oscuro allí dentro, pero cuando realmente me asusté fue al sentir una profunda respiración a mi lado y un hedor a alcohol, que no sabía muy bien si procedía de mi mismo.
-No te asustes, me llamo Irene – dijo una voz sexy, pero a la vez dulce.
-Yo Julian.
Después de un largo rato charlando dentro del armario, una luz nos cegó y Jaime se puso a gritar nuestros nombres mientras corría hacia el salón. Al salir de allí, vi por primera vez el rostro de Irene. No era como las demás, era distinta.
A partir de aquella fiesta, nos veíamos día si y día también. Nos recorríamos todos los lugares desprovistos de gente del pueblo. De vez en cuando, yo dejaba escurrirse mi mano hasta rozar la suya, y ella, la cogía sin miedo.
Por fin, un día de agosto me atreví a darla un beso, pero mi cobardía hizo que se lo diera en la mejilla.
Dos días después de aquel mágico beso que inundó por completo mi mente, mi corazón se destrozó por completo. Al cruzar el parque, la vi, hablando con ese chico que me superaba en edad, en físico y en picardía. Salí corriendo hacia mi casa.
Al día siguiente me llamó para decirme que estaba conociendo a un chico. Días repletos de celos sucedieron a aquella llamada, pero fue cuando me di cuenta que no era el chico ese el que molestaba. Era yo el que me había metido en medio, era yo el que debía alejarse.
Ya han pasado casi dos años de esto, y han pasado muchas chicas después de tí que han sido maravillosas e imprescindibles en mi vida, pero todavía recuerdo aquellos meses de verano, nuestros rincones, nuestro beso... Y día tras día me pregunto como serás ahora, como estarás de guapa y, como hubieran sido nuestras vidas si yo no me hubiera apartado de ti.
Por eso, ahora te escribo esta carta, para saber que es de ti, como te encuentras, y, sobre todo, si te acuerdas de mi.