
Sin faltar a su cita
al faro a diario acudía,
y con gran pena en el alma
sin compañía volvía.
Dudaba de a quien esperaba,
y también de si existía,
pero cada noche hasta el alba
frente al mar sollozaba
hasta que desistía.
Hace años un amor
por el que ella vivía,
en aquel lugar la citó
para encontrarse a escondidas.
Todos los días se veían
frente al inmenso océano,
y con sus manos cogidas
observaban el firmamento.
Pero un día él no acudió
a su rutina nocturna,
y sin ninguna explicación,
no volvió a verle nunca.
Con cicatrices en los brazos
y heridas en el corazón,
el mundo quería abandonar,
pensando que de esa forma
desaparecería su dolor.
Al desgarrar sus venas
su cuerpo sin vida quedaba,
pero su alma descrubrió
que su tan esperado amor
en el cielo la esperaba.
Desde entonces un pescador,
que en los alrededores vivía,
a lo amantes que van al faro,
esta historia de amor,
la cuenta en una poesía.