
El bello y robusto roble
en la alta montaña residía,
presidiendo el gran paisaje
de la hermosa Andalucía.
Mas de cien años tenía,
y allí solo se encontraba,
pues ninguna vegetación podía
compartir espacio con sus ramas.
Lluvias, vientos, nieves,
crueles granizos en sus hojas,
y ninguno pudo arrebatarle,
la grandeza que él otorga.
Pero un día de septiembre
una gran tormenta se formó,
y un rayo interminable
le arrebató su corazón.
A la tormenta le siguió la lluvia,
y después el rayo de sol,
pero al roble se le veía,
todo chamuscado y sin color.
Pasaron unos días
ya no era tan hermoso,
pero un brote de verde vida
hizo renacer al coloso,
a el coloso de Andalucía.