Las nubes tapan el sol,
el cielo se pone a llorar,
la estación más tétrica y triste
está a punto de comenzar.
Los árboles del parque
no tienen nada de que hablar,
cuando el viento les pregunte
sus hojas no responderán.
Los lagos no bailarán
cuando el aire les susurre,
a sus aguas las tranquilizará
el intenso frio de la noche.
Los colores se ocultarán
tras un gran manto blanco
que a su paso habrá dejado
un gran paisaje en la ciudad.
Cuando en marzo se marcha
yo en él sigo pensando
y todo el año le añoro
esperando su llegada.
Si los árboles vuelven a hablar
y los lagos a bailar,
mi alegría se derrumba
pensando que no volverá.
Pero sólo hay que ser pacientes
y unos meses esperar,
algún día cuando despiertes
todo en calma volverá a estar.





